ahí? ¡Oh!, ¡cómo lacera esa inofensiva pregunta a Jonás! Por un instante, por poco vuelve a huir. Pero se reanima.త్—Busco un pasaje a Tarsis en este barco; ¿cuándo zarpan, señor? Hasta ese momento el ocupado Capitán no había levantado la vista hacia Jonás, a pesar de que el hombre ya está ante él; pero apenas oye esa voz hueca, le dirige una mirada escrutadora.త్—Zarpamos con la próxima marea —responde al fin con lentitud, sin dejar de mirarlo fijamente.త్—¿No antes, señor?త్—Lo bastante pronto para cualquier hombre honrado que viaja como pasajero.త్Ah, Jonás, esa es otra puñalada. Pero él aparta raudo al Capitán de esa pista.త్—Navegaré con ustedes —dice—; el dinero del pasaje, ¿cuánto es? Lo pagaré ahora mismo.త్Pues está escrito expresamente, compañeros, como algo que no debe pasarse por alto en esta historia, «que pagó su tarifa» antes de que la embarcación zarpara. Y tomado junto al contexto, esto está lleno de significado.
“Ahora bien, el capitán de Jonás, amigos míos, era de esos cuya perspicacia descubre el delito en cualquiera, pero cuya codicia solo lo denuncia en el desamparado. En este mundo, compañeros, el pecado que paga su pasaje puede viajar libremente y sin pasaporte; mientras que la virtud, si es menesterosa, es detenida en todas las fronteras. Así pues, el capitán de Jonás se dispone a tantear el grosor de la bolsa de Jonás antes de juzgarlo públicamente. Le cobra el triple de la suma habitual, y este lo consiente. Entonces el capitán sabe que Jonás es un fugitivo; pero al mismo tiempo resuelve ayudar a una huida que va pavimentando su retaguardia con oro. Sin embargo, cuando Jonás saca por fin la cartera, unas prudentes sospechas aún atormentan al capitán. Hace sonar cada moneda para ver si hay alguna falsa. No es un falsificador, al menos, mumura entre dientes; y se anota a Jonás para el viaje. —Indíqueme mi camarote, señor —dice ahora Jonás—; estoy cansado del viaje; necesito dormir.