El resultado de esta bajada ilustró en cierta medida aquel sabio refrán de la industria ballenera: a más ballenas, menos peces. De todas las ballenas drogadas, solo una fue capturada. El resto se las arregló para escapar por el momento, pero solo para ser apresadas, como se verá más adelante, por otra embarcación que no fuera el Pequod.
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