Así este Pacífico misterioso y divino ciñe todo el volumen del mundo; hace de todas las costas una sola bahía suya; parece el corazón palpitante de la tierra. > Alzado por esas olas eternas, uno ha de rendirse forzosamente al dios seductor, inclinando la cabeza ante
Pero pocos pensamientos de Pan agitaron el cerebro de Ahab, mientras, de pie como una estatua de hierro en su lugar acostumbrado junto a la jarcia de mesana, con una fosa nasal aspiraba sin pensar el almizcle azucarado de las islas Bashee (por cuyos dulces bosques debían de estar paseando apacibles enamorados), y con la otra inhalaba conscientemente el aliento salobre del mar recién descubierto; aquel mar en el que la aborrecida Ballena Blanca debía de estar nadando incluso entonces.
Lanzado al fin sobre estas aguas casi finales, y deslizándose hacia la zona de caza del Japón, el propósito del viejo se intensificó.
- Sus firmes labios se juntaron como las mordazas de un tornillo de banco;
- el delta de las venas de su frente se hinchó como arroyos desbordados;
- en su propio sueño, su grito resonante recorrió el casco abovedado: «¡Atrás todos! ¡La Ballena Blanca echa sangre espesa!».