“Muy de este modo había sucedido con el Town-Ho; así, cuando se descubrió que su vía de agua volvía a ganar terreno, hubo en verdad cierta pequeña preocupación manifestada por varios de sus tripulantes; en especial por Radney, el segundo. Ordenó que las velas altas fueran bien izadas, nuevamente cazadas y desplegadas de todas maneras posibles a la brisa. Ahora bien, este Radney, supongo, era tan poco cobarde, y tan poco propenso a cualquier clase de aprensión nerviosa respecto a su propia persona como cualquier criatura intrépida e irreflexiva, en tierra o en el mar, que podáis imaginar convenientemente, caballeros. Por lo tanto, cuando mostró tal solicitud por la seguridad del barco, algunos de los marineros declararon que se debía únicamente a que era copropietario de este. Así pues, cuando trabajaban esa noche en las bombas, hubo al respecto no pocas bromas disimuladas entre ellos, mientras permanecían con los pies continuamente cubiertos por el agua clara y ondulante; clara como cualquier manantial de montaña, caballeros, que borboteando desde las bombas cruzaba la cubierta y se vertía en chorros constantes por los
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LIV. La historia del *Town-Ho*
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