hacia las regiones del porvenir, y traerían a colación temas que no son apropiados para un debate periodístico.
Observaré brevemente que nuestra situación nos invita y nuestros intereses nos impulsan a aspirar a una posición preeminente en el sistema de los asuntos americanos. El mundo puede dividirse, política y geográficamente, en cuatro partes, cada una de las cuales tiene un conjunto de intereses bien diferenciados. Para desgracia de las otras tres, Europa, mediante sus armas y sus negociaciones, por la fuerza y por el fraude, ha extendido, en distintos grados, su dominio sobre todas ellas. África, Asia y América han sentido sucesivamente su dominación.
La superioridad que ha mantenido durante tanto tiempo la ha tentado a vanagloriarse como la Señora del Mundo, y a considerar al resto de la humanidad como creado para su beneficio. Hombres admirados como filósofos profundos han atribuido directamente a sus habitantes una superioridad física, y han afirmado solemnemente que todos los animales, y con ellos la especie humana, se atrofian en América; que incluso los perros dejan de ladrar tras haber respirado un tiempo en nuestra atmósfera.(1)
Los hechos han respaldado durante demasiado tiempo estas arrogantes pretensiones de los europeos. Nos corresponde a nosotros vindicar el honor de la raza humana y enseñar a ese hermano prepotente la moderación. La unión nos permitirá hacerlo. La desunión sumará otra víctima a sus triunfos.
¡Desprecien los estadounidenses ser los instrumentos de la grandeza europea! ¡Que los trece Estados, unidos en una alianza estrecha e indisoluble, concurran a erigir un gran sistema americano, superior al control de toda fuerza o influencia transatlántica, y capaces de dictar los términos de la conexión entre el viejo y el nuevo mundo!
PUBLIUS "Recherches philosophiques sur les Americains."