debida inauguración del gobierno y la formación primigenia de un código federal. Las mejoras en los primeros borradores se harán cada año más fáciles y menos numerosas. Las actuaciones pasadas del gobierno constituirán una fuente de información accesible y precisa para los nuevos miembros.
Los asuntos de la Unión serán cada vez más objeto de curiosidad y conversación entre los ciudadanos en general. Y el incremento de las relaciones entre los de los diferentes Estados contribuirá no poco a difundir un conocimiento mutuo de sus asuntos, del mismo modo que esto contribuirá a una asimilación general de sus costumbres y leyes.
Pero con todas estas reducciones, la labor de la legislación federal debe seguir excediendo en tal medida, tanto en novedad como en dificultad, la labor legislativa de un solo Estado, como para justificar el período más prolongado de servicio asignado a quienes han de llevarla a cabo.
Una rama del conocimiento que pertenece a los saberes de un representante federal, y que no ha sido mencionada, es la de los asuntos exteriores.
En la reglamentación de nuestro propio comercio, él no solo debe estar familiarizado con los tratados entre los Estados Unidos y otras naciones, sino también con la política comercial y las leyes de otras naciones. No debe ser del todo ignorante del derecho de gentes; porque este, en la medida en que es un objeto adecuado de la legislación interna, está sometido al gobierno federal.
Y aunque la Cámara de Representantes no ha de participar inmediatamente en las negociaciones y los arreglos exteriores, sin embargo, dada la necesaria conexión entre las diversas ramas de los asuntos públicos, esas ramas particulares merecerán frecuentemente atención en el curso ordinario de la legislación, y a veces exigirán una sanción y cooperación legislativas especiales.