realidad.
Por muy adecuados que tales razonamientos puedan ser para demostrar que una cosa NO DEBE EXISTIR, deben ser totalmente rechazados cuando se utilizan para probar que no existe, en contra de la evidencia del hecho mismo.
Es bien sabido que en la república romana la autoridad legislativa, en última instancia, residió durante siglos en dos cuerpos políticos diferentes, no como ramas de una misma legislatura, sino como legislaturas distintas e independientes, en cada una de las cuales predominaba un interés opuesto: en la una, el patricio; en la otra, el plebeyo.
Se habrían podido aducir muchos argumentos para demostrar la improcedencia de dos autoridades tan aparentemente contradictorias, teniendo cada una el poder de ANULAR o DEROGAR los actos de la otra. Pero se habría considerado un demente a quien en Roma hubiera intentado refutar su existencia.
Se comprenderá fácilmente que aludo a los COMICIOS CENTURIADOS y a los