principalmente la que hace que las combinaciones facciosas sean menos de temer en el primero que en el segundo.
Cuanto menor es una sociedad, tanto más reducidos serán probablemente los partidos y los intereses distintos que la componen; cuantos menos partidos e intereses distintos existan, con mayor frecuencia se encontrará una mayoría del mismo partido; y cuanto menor sea el número de individuos que componen una mayoría y más pequeño el ámbito en el que se encuentren, con mayor facilidad concertarán y ejecutarán sus planes de opresión.
Amplíese la esfera y se abarca una mayor variedad de partidos e intereses; se hace menos probable que una mayoría del total tenga un motivo común para violar los derechos de los demás ciudadanos; o si tal motivo común existe, será más difícil para todos los que lo sienten descubrir su propia fuerza y actuar en sintonía unos con otros.
Aparte de otros impedimentos, puede señalarse que, cuando existe la conciencia de propósitos injustos o deshonrosos, la comunicación siempre se ve frenada por la desconfianza en proporción al número cuya concurrencia es necesaria.
Por tanto, aparece claramente que la misma ventaja que una república tiene sobre una democracia, para controlar los efectos de las facciones, la disfruta una república grande sobre una pequeña; —la disfruta la Unión sobre los Estados que la componen.
¿Consiste la ventaja en la sustitución de representantes cuyas luces y virtudes los hagan superiores a los prejuicios locales y a los planes de injusticia? No se negará que la representación de la Unión será la más apta para poseer estas dotes necesarias.
¿Consiste en la mayor seguridad que ofrece una mayor variedad de partidos, contra el acontecimiento de que cualquier partido pueda