abrigar ambiciosos proyectos de engrandecimiento personal a partir de su disolución, la probabilidad sería que corriéramos hacia el proyecto de conferir poderes suplementarios al Congreso, tal como se encuentra constituido actualmente; y o bien la máquina, por la intrínseca debilidad de su estructura, se desmoronará en pedazos, a pesar de nuestros mal aconsejados esfuerzos por apuntalarla; o bien, mediante aumentos sucesivos de su fuerza y energía, según lo imponga la necesidad, acumularemos finalmente, en un solo cuerpo, todas las prerrogativas más importantes de la soberanía, legando así a nuestra posteridad una de las formas de gobierno más execrables que la insensatez humana haya ideado jamás.
Por lo tanto, deberíamos crear en la realidad esa misma tiranía que los adversarios de la nueva Constitución están ansiosos, o fingen estarlo, por evitar.
No poco ha contribuido a las flaquezas del actual sistema federal el que jamás haya obtenido la ratificación del PUEBLO.
Descansando sobre nada mejor que el