Para el Independent Journal. Miércoles 5 de diciembre de 1787
HAMILTON
Al Pueblo del Estado de Nueva York:
UNA OBJECIÓN, de una naturaleza diferente a la que ha sido expuesta y respondida en mi última alocución, podrá quizás también formularse contra el principio de legislar para los ciudadanos individuales de América. Podría decirse que tendería a hacer al gobierno de la Unión demasiado poderoso, y a capacitarlo para absorber aquellas autoridades residuales que se juzgara conveniente dejar a los Estados para fines locales.
Concediendo la mayor latitud al amor por el poder que cualquier hombre razonable pueda exigir, confieso que no alcanzo a descubrir qué tentación podrían sentir jamás las personas encargadas de la administración del gobierno general para despojar a los Estados de las autoridades de esa índole. La regulación de la mera política doméstica de un Estado me parece que ofrece escasos atractivos a la ambición. El comercio, las finanzas, la negociación y la guerra parecen comprender todos los objetos que tienen encantos para las mentes gobernadas por esa pasión; y todos los poderes necesarios para tales objetos deben residir, en primer lugar, en el depósito nacional.