Este argumento se presenta bajo una forma muy especiosa y seductora; y está bien calculado para apoderarse de los prejuicios de aquellos a quienes va dirigido. Pero cuando procedemos a diseccionarlo con atención, se verá que está compuesto de nada más que palabras de sonido agradable.
El objeto al que parece aspirar es, en primer lugar, impracticable y, en el sentido en que se sostiene, innecesario. Reservo para otro lugar la discusión de la cuestión relativa a la suficiencia del cuerpo representativo en cuanto al número, y me contentaré con examinar aquí el uso particular que se ha hecho de una suposición contraria, en referencia al tema inmediato de nuestras investigaciones.
La idea de una representación real de todas las clases del pueblo, por personas de cada clase, es totalmente utópica. A menos que se estipulara expresamente en la Constitución que cada ocupación diferente debía enviar uno o más miembros, tal cosa jamás ocurriría en la práctica.
Los mecánicos y fabricantes siempre estarán inclinados, con pocas excepciones, a dar sus