sino a la aplicación del término por parte de los escritores políticos a la constitución de diferentes Estados, no se encontraría jamás ninguna satisfactoria.
- Holanda, en la que ninguna partícula de la autoridad suprema deriva del pueblo, ha pasado casi universalmente bajo la denominación de república.
- El mismo título se le ha otorgado a Venecia, donde el poder absoluto sobre la gran masa del pueblo es ejercido, de la manera más absoluta, por un pequeño cuerpo de nobles hereditarios.
- Polonia, que es una mezcla de aristocracia y de monarquía en sus peores formas, ha sido honrada con la misma apelación.
- El gobierno de Inglaterra, que tiene una sola rama republicana, combinada con una aristocracia y una monarquía hereditarias, ha sido colocado con igual impropiedad, frecuentemente, en la lista de las repúblicas.
Estos ejemplos, que son casi tan distintos entre sí como de una república genuina, muestran la extrema imprecisión con la que se ha empleado el término en los tratados políticos.
Si recurrimos como criterio a los diferentes principios sobre los cuales se establecen las distintas formas de gobierno, podemos definir una república —o al menos otorgar ese nombre— como un gobierno que deriva todos sus poderes directa o indirectamente de la gran masa del pueblo, y que es administrado por personas que desempeñan sus cargos por voluntad [del pueblo], durante un período limitado o mientras dure su buena conducta.
Es ESENCIAL para tal gobierno que derive de la gran masa de la sociedad, y no de una proporción insignificante o de una clase favorecida de ella; de otro modo, un puñado de nobles tiránicos, que ejercen sus opresiones