El modo electivo de obtener gobernantes es la política característica del gobierno republicano. Los medios en los que confía esta forma de gobierno para prevenir su degeneración son numerosos y variados. El más eficaz es una limitación del período de los nombramientos tal que mantenga una debida responsabilidad ante el pueblo.
Permítanme ahora preguntar ¿qué circunstancia hay en la constitución de la Cámara de Representantes que viole los principios del gobierno republicano, o favorezca la elevación de unos pocos sobre las ruinas de la mayoría?
Permítame preguntar si toda circunstancia no se ajusta, por el contrario, estrictamente a estos principios, y es escrupulosamente imparcial con los derechos y pretensiones de toda clase y descripción de ciudadanos.
¿Quiénes han de ser los electores de los representantes federales?
- No los ricos, más que los pobres;
- no los doctos, más que los ignorantes;
- no los altivos herederos de nombres distinguidos, más que los humildes hijos de la oscuridad y la desdichada fortuna.
Los electores han de ser la gran masa del pueblo de los Estados Unidos. Han de ser los mismos que ejercen en cada Estado el derecho de elegir la rama correspondiente de la legislatura del Estado.
¿Quiénes han de ser los objetos de la elección popular? Todo ciudadano cuyo mérito pueda recomendarlo a la estima y confianza de su país. Ninguna cualidad de riqueza, de cuna, de fe religiosa o de profesión civil tiene permitido coartar el juicio o defraudar la inclinación del pueblo.
Si consideramos la situación de los hombres sobre quienes los sufragios libres de sus conciudadanos puedan conferir la confianza representativa, hallaremos que implica toda garantía que pueda idearse o desearse en pro de su fidelidad hacia sus mandantes.