Estas consideraciones, y muchas otras que podrían mencionarse, prueban —y la experiencia lo confirma— que los artesanos y fabricantes se inclinarán comúnmente a otorgar sus votos a los comerciantes y a aquellos a quienes estos recomiendan. Debemos, por tanto, considerar a los comerciantes como los representantes naturales de todas estas clases de la comunidad.
En cuanto a las profesiones liberales, poco es necesario observar; en verdad no forman un interés distinto en la sociedad y, según su situación y sus talento, serán indistintamente objeto de la confianza y elección mutuas, así como de las demás partes de la comunidad.
No queda más que el interés terrateniente; y este, desde un punto de vista político, y particularmente en relación con los impuestos, considero que está perfectamente unido, desde el propietario más rico hasta el inquilino más pobre.
No se puede imponer ningún impuesto sobre la tierra que no afecte tanto al propietario de millones de acres como al propietario de un solo acre. Por lo tanto, todo terrateniente tendrá un interés común en mantener los impuestos a la tierra lo más bajos posible; y siempre se puede contar con el interés común como el vínculo más seguro de simpatía.
Pero si incluso pudiéramos suponer una distinción de intereses entre el hacendado opulento y el agricultor de clase media, ¿qué razón hay para concluir que el primero tendría más probabilidades de ser elegido para la legislatura nacional que el segundo?
Si tomamos los hechos como guía, y examinamos nuestro propio senado y asamblea, hallaremos que los propietarios moderados de tierras predominan en ambos; ni esto es menos cierto en el senado, que consta de un número menor, que en la asamblea, la cual se compone de un número mayor.