pero todos se negarán a vincular sus fortunas a la suya; y no pocos aprovecharán la oportunidad para hacer sus propias fortunas a costa de la de él.
Una nación es a otra lo que un individuo a otro; con esta melancólica distinción quizás, que los primeros, con menos emociones benévolas que los últimos, se hallan también bajo menores restricciones para sacar indebida ventaja de las indiscreciones ajenas.
Toda nación, por consiguiente, cuyos asuntos evidencian una falta de sensatez y estabilidad, puede contar con cada pérdida que pueda sufrir a causa de la política más sistemática de sus vecinos más sabios.
Pero la mejor instrucción sobre este tema es transmitida por desgracia a América por el ejemplo de su propia situación. Ella descubre que no se le guarda respeto alguno por parte de sus amigos; que es objeto de burla por parte de sus enemigos; y que es presa de todas las naciones que tienen interés en especular con sus consejos fluctuantes y sus asuntos emproblemados.