ejemplos de tales plantas vigorosas floreciendo en el terreno de la legislación federal así como en la de los Estados; pero casos aislados de esta índole no harán que el razonamiento fundado en el curso general de las cosas sea menos concluyente.
El asunto podría presentarse bajo varias otras luces que conducirían todas al mismo resultado; y en particular cabría preguntar: ¿Qué mayor afinidad o relación de interés puede concebirse entre el carpintero y el herrero, y el fabricante de lencería o el tejedor de medias, que entre el mercader y cualquiera de ellos?
Es notorio que a menudo existen rivalidades tan grandes entre las diferentes ramas de las artes mecánicas o manufactureras como las que hay entre cualquiera de los departamentos del trabajo y de la industria; de modo que, a menos que el cuerpo representativo fuera mucho más numeroso de lo que sería compatible con cualquier idea de regularidad o sabiduría en sus deliberaciones, es imposible que lo que parece ser el espíritu de la objeción que venimos considerando llegue a realizarse jamás en la práctica.
Pero me abstengo de detenerme por más tiempo en un asunto que hasta ahora ha llevado un atuendo demasiado descuidado como para permitir siquiera una inspección precisa de su verdadera forma o tendencia.
Existe otra objeción de naturaleza algo más precisa que reclama nuestra atención. Se ha afirmado que una facultad de imposición interna en la legislatura nacional nunca podría ejercerse con provecho, tanto por la falta de un conocimiento suficiente de las circunstancias locales, como por una interferencia entre las leyes fiscales de la Unión y las de los Estados particulares.
La suposición de una falta de conocimiento adecuado parece carecer por completo de fundamento. Si hay alguna cuestión pendiente en la legislatura de un Estado respecto a uno de los condados, que exige un conocimiento de los detalles locales, ¿cómo se adquiere?