En esas emergencias de una nación, en las cuales la bondad o la maldad, la debilidad o la fuerza de su gobierno es de la mayor importancia, hay comúnmente una necesidad de acción. Los asuntos públicos deben, de un modo u otro, seguir su curso. Si una minoría pertinaz puede controlar la opinión de una mayoría respecto al mejor modo de dirigirlos, la mayoría, para que algo pueda hacerse, debe ajustarse a los puntos de vista de la minoría; y así el criterio del número menor prevalecerá sobre el del mayor, y dará la pauta a los procedimientos nacionales.
De ahí, las demoras tediosas; la negociación y la intriga continuas; los compromisos despreciables del bien público. Y, sin embargo, en un sistema así, resulta incluso afortunado cuando tales compromisos pueden llevarse a cabo; pues en ciertas ocasiones las cosas no admiten arreglo; y entonces las medidas del gobierno deben ser suspendidas perjudicialmente, o derrotadas fatalmente. A menudo se le mantiene en un estado de inacción debido a la imposibilidad de