*Del Independent Journal.* Sábado, 23 de febrero de 1788.
HAMILTON
Al Pueblo del Estado de Nueva York:
HEMOS visto que no se podía confiar a las legislaturas estatales un poder incontrol sobre las elecciones para el gobierno federal, sin correr riesgos.
Examinemos ahora cuál sería el peligro del otro lado; esto es, el de confiar a la propia Unión el derecho último de regular sus propias elecciones.
No se pretende que este derecho sea utilizado jamás para la exclusión de ningún Estado de su participación en la representación. El interés de todos sería, a este respecto al menos, la seguridad de todos.
Pero se alega que podría emplearse de tal manera que promoviera la elección de cierta clase predilecta de hombres con exclusión de otros, al limitar los lugares de elección a distritos particulares y hacer impracticable que los ciudadanos en general participen en la selección.
De todas las suposiciones quiméricas, esta parece ser la más quimérica.