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nydus/The Federalist PapersPublic
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FEDERALISTAS No. 29. Acerca de la Milicia

¿Qué sombra de peligro puede haber por parte de hombres que se mezclan a diario con el resto de sus compatriotas y que participan con ellos de los mismos sentimientos, afectos, hábitos e intereses?

¿Qué causa razonable de aprehensión puede inferirse de la facultad de la Unión para dictar regulaciones para la milicia, y para mandar en sus servicios cuando sea necesario, mientras que los Estados particulares han de tener el NOMBRAMIENTO ÚNICO Y EXCLUSIVO DE LOS OFICIALES?

Si fuera posible abrigar seriamente celos respecto de la milicia bajo cualquier sistema concebible dependiente del gobierno federal, el hecho de que los oficiales sean designados por los Estados debería extinguirlos de inmediato. No cabe duda de que esta circunstancia les asegurará siempre una influencia predominante sobre la milicia.

Al leer muchas de las publicaciones en contra de la Constitución, uno es propenso a imaginarse que está hojeando algún cuento o romance mal escrito que, en lugar de imágenes naturales y agradables, exhibe ante la mente nada más que figuras espantosas y deformes—

«Gorgonas, hidras y quimeras crueles»;

decolorando y desfigurando todo lo que representa, y transformando todo lo que toca en un monstruo.

Una muestra de ello se observa en las sugerencias exageradas e improbables que se han formulado respecto a la facultad de convocar los servicios de la milicia.

La de New Hampshire ha de marchar a Georgia, la de Georgia a New Hampshire, la de Nueva York a Kentucky, y la de Kentucky al lago Champlain. ¡Es más, las deudas contraídas con los franceses y los holandeses van a pagarse con milicianos en lugar de luises de oro y ducados!

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