Del Independent Journal. Sábado, 15 de marzo de 1788.
HAMILTON
Al Pueblo del Estado de Nueva York:
HAY una idea, que no carece de defensores, según la cual un Ejecutivo vigoroso es incompatible con el espíritu de un gobierno republicano. Los amigos esclarecidos de esta forma de gobierno deben al menos esperar que tal suposición carezca de fundamento; puesto que nunca podrán admitir su verdad sin admitir al mismo tiempo la condenación de sus propios principios. La energía en el Ejecutivo es una característica principal en la definición de un buen gobierno. Es esencial para la protección de la comunidad contra los ataques extranjeros; no es menos esencial para la administración firme de las leyes; para la protección de la propiedad contra aquellas combinaciones irregulares y violentas que a veces interrumpen el curso ordinario de la justicia; para la seguridad de la libertad frente a las empresas y asechanzas de la ambición, de la facción y de la anarquía. Todo hombre un poco familiarizado con la historia romana sabe cuán a menudo esa república se vio obligada a refugiarse en el poder absoluto de un solo hombre, bajo el formidable título de Dictador, tanto contra las intrigas de los individuos ambiciosos que aspiraban a la tiranía, y las sediciones de clases enteros de la comunidad cuya conducta amenazaba la existencia de todo gobierno, como contra las invasiones de enemigos externos que amenazaban la conquista y destrucción de Roma.