límites, tal como quedaron fijados por el tratado de paz, son: al este el Atlántico, al sur la latitud de treinta y un grados, al oeste el Misisipi, y al norte una línea irregular que corre en algunos casos más allá del cuadragésimo quinto grado, y en otros baja hasta el cuadragésimo segundo. La orilla sur del lago Erie se encuentra por debajo de esa latitud. Si calculamos la distancia entre el trigésimo primero y el cuadragésimo quinto grados, asciende a novecientas setenta y tres millas comunes; si la calculamos desde el trigésimo primero hasta el cuadragésimo segundo grado, a setecientas sesenta y cuatro millas y media. Tomando la media como distancia, el resultado será de ochocientas sesenta y ocho millas y tres cuartos. La distancia media desde el Atlántico hasta el Misisipi probablemente no exceda de setecientas cincuenta millas.
Al comparar una extensión semejante con la de varios países de Europa, la posibilidad de hacer que nuestro sistema sea proporcionado a ella parece demostrable. No es mucho mayor que Alemania, donde se reúne continuamente una dieta que representa a todo el imperio; o que Polonia antes de su reciente desmembración, donde otra dieta nacional era depositaria del poder supremo. Pasando por alto a Francia y España, hallamos que en la Gran Bretaña, por muy inferior que sea en tamaño, los representantes del extremo norte de la isla tienen que viajar hacia el consejo nacional una distancia tan larga como la que se exigirá a los de las partes más remotas de la Unión.
Por favorable que sea este punto de vista del asunto, quedan algunas observaciones que lo presentarán bajo una luz aún más satisfactoria.
En primer lugar, debe recordarse que al gobierno general no se le ha encomendado todo el poder de hacer y administrar las leyes.
Su jurisdicción se limita a ciertos objetos enumerados, que conciernen a todos los miembros de la república, pero que no pueden alcanzarse mediante las disposiciones separadas de ninguno de ellos.