importancia que se adopte tan pronto como sea posible un plan bien meditado para el establecimiento adecuado de la milicia. La atención del gobierno debe dirigirse en particular a la formación de un cuerpo selecto de moderada extensión, sobre principios tales que realmente los preparen para el servicio en caso de necesidad. Al circunscribir así el plan, será posible contar con un excelente cuerpo de milicia bien entrenada, lista para entrar en campaña siempre que la defensa del Estado lo requiera. Esto no sólo disminuirá la necesidad de establecimientos militares, sino que si las circunstancias obligasen en algún momento al gobierno a formar un ejército de cualquier magnitud, ese ejército nunca podrá ser temible para las libertades del pueblo mientras exista un gran cuerpo de ciudadanos, poco o nada inferiores a ellos en disciplina y en el uso de las armas, que estén listos para defender sus propios derechos y los de sus conciudadanos. Esto me parece el único sustituto que puede idearse para un ejército permanente, y la mejor garantía posible contra él, si este llegara a existir."
Así, de manera diferente a los adversarios de la Constitución propuesta, razonaría yo sobre el mismo tema, deduciendo argumentos de seguridad de las mismas fuentes que ellos presentan como llenas de peligro y perdición. Pero cómo pueda razonar la legislatura nacional sobre el punto, es algo que ni ellos ni yo podemos prever.
Hay algo tan descabellado y tan extravagante en la idea de que la libertad corra peligro por causa de las milicias, que uno no sabe si tratarla con seriedad o con burla; si considerarla como un mero ejercicio de ingenio, semejante a las paradojas de los retóricos; como un artificio poco sincero para infundir prejuicios a cualquier precio, o como el fruto serio del fanatismo político.
¿En nombre del sentido común, dónde van a terminar nuestros temores si no podemos confiar en nuestros hijos, en nuestros hermanos, en nuestros vecinos, en nuestros conciudadanos?