Para el Independent Journal. Miércoles, 12 de diciembre de 1787
HAMILTON
Al Pueblo del Estado de Nueva York:
HABIENDO hecho en los tres números anteriores un repaso sumario de las principales circunstancias y eventos que han delineado el genio y el destino de otros gobiernos confederados, pasaré ahora a la enumeración de los más importantes de aquellos defectos que hasta ahora han defraudado nuestras esperanzas en el sistema establecido entre nosotros. Para formarnos un juicio seguro y satisfactorio sobre el remedio adecuado, es absolutamente necesario que conozcamos bien la extensión y la malignidad de la enfermedad.
El siguiente defecto más palmario de la Confederación existente, es la total carencia de una SANCIÓN para sus leyes. Los Estados Unidos, tal como están compuestos ahora, no tienen poderes para exigir obediencia, ni para castigar la desobediencia a sus resoluciones, ya sea mediante multas pecuniarias, por la suspensión o privación de privilegios, o por cualquier otro modo constitucional.
No hay una delegación expresa de autoridad para que ellos usen la fuerza contra los miembros morosos; y si tal derecho debiera atribuirse a la