peligrosa de un ejército disuelto. De ahí también aquellos expedientes opresivos para reclutar hombres que se pusieron en práctica en varias ocasiones, y que nada salvo el entusiasmo por la libertad habría inducido al pueblo a soportar.
Este método de reclutar tropas no es más hostil para la economía y el vigor de lo que lo es para una distribución equitativa de la carga.
Los Estados cercanos al teatro de la guerra, influidos por motivos de autoconservación, hicieron esfuerzos por aportar sus contingentes, los cuales incluso excedieron sus capacidades; mientras que aquellos alejados del peligro fueron, en su mayoría, tan remisos como diligentes los otros en sus esfuerzos.
La presión inmediata de esta desigualdad no se vio mitigada en este caso, como en el de las contribuciones de dinero, por la esperanza de una liquidación final. A los Estados que no pagaban su proporción de dinero se les podía al menos cargar sus