mundo, se agotaron todos los recursos de la negociación y se formaron alianzas triples y cuádruples; pero apenas se formaban cuando ya se rompían, dando una lección instructiva pero penosa a la humanidad sobre cuán poca confianza debe depositarse en tratados que no tienen otra sanción que las obligaciones de la buena fe, y que oponen consideraciones generales de paz y justicia al impulso de cualquier interés o pasión inmediata.
Si los Estados particulares de este país están dispuestos a guardar una relación semejante entre sí, y a abandonar el proyecto de una SUPERINTENDENCIA DISCRECIONAL general, el plan sería en verdad pernicioso, y nos acarrearía todos los males que se han enumerado bajo el primer punto; pero tendría el mérito de ser, al menos, coherente y practicable
Abandonando toda perspectiva de un gobierno confederado, esto nos llevaría a una simple alianza ofensiva y defensiva; y nos pondría en una situación de ser alternativamente amigos y enemigos los unos de los otros, según