Tendrían que temer tanto los peligros de la costa como los de la detección, tanto después como antes de su llegada a los lugares de su destino final. Un grado ordinario de vigilancia sería suficiente para prevenir cualquier infracción material a los derechos de la renta pública. Unos cuantos buques armados, estacionados juiciosamente en las entradas de nuestros puertos, podrían convertirse, a bajo coste, en útiles centinelas de las leyes. Y teniendo el gobierno el mismo interés en prevenir las violaciones en todas partes, la cooperación de sus medidas en cada Estado tendería poderosamente a hacerlas eficaces.
Aquí también debemos conservar por medio de la Unión una ventaja que la naturaleza nos ofrece y a la que renunciaríamos con la separación. Los Estados Unidos se hallan a gran distancia de Europa y a una distancia considerable de todos los demás lugares con los que tendrían amplias conexiones de comercio exterior. El viaje de aquellos países al nuestro, en unas pocas horas o en una sola noche, como ocurre entre las costas de Francia y Gran Bretaña, y de otras naciones vecinas, sería impracticable. Esto constituye una seguridad prodigiosa contra el contrabando directo con países extranjeros; pero el contrabando indirecto hacia un Estado, a través de otro, sería a la vez fácil y seguro.
La diferencia entre una importación directa desde el extranjero y una importación indirecta a través del canal de un Estado vecino, en pequeños paquetes, según el tiempo y la oportunidad, con las facilidades adicionales de la comunicación interior, debe ser palpable para cualquier hombre de discernimiento.
Por tanto, es evidente que un gobierno nacional sería capaz, con mucho menor gasto, de extender los aranceles a las importaciones, incomparablemente más allá de lo que sería practicable para los Estados por separado, o para cualquier confederación parcial.