RAZONA ACERTADAMENTE sobre los MEDIOS para promoverlo. Sabe por experiencia que a veces se equivoca; y lo sorprendente es que se equivoque tan pocas veces como lo hace, asediado, como lo está continuamente, por las artimañas de los parásitos y sicofantes, por las trampas de los ambiciosos, los avaros, los desesperados, por los artificios de los hombres que poseen su confianza más de lo que lo merecen, y de aquellos que buscan poseerla en lugar de merecerla.
Cuando se presentan ocasiones en las cuales los intereses del pueblo están en desacuerdo con sus inclinaciones, es el deber de las personas a quienes han designado como guardianes de dichos intereses resistir el error pasajero, a fin de darles tiempo y oportunidad para una reflexión más serena y pausada. Podrían citarse casos en los que una conducta de este tipo ha salvado al pueblo de las consecuencias fatales de sus propios errores y ha procurado monumentos duraderos de gratitud hacia los hombres que tuvieron el valor y la magnanimidad suficientes para servirle a riesgo de su desaprobación.
Pero por muy inclinados que podamos estar a insistir en una complacencia sin límites del Ejecutivo hacia las inclinaciones del pueblo, no podemos sostener con propiedad una complacencia semejante hacia los caprichos de la legislatura. Esta última puede a veces oponerse a aquellas, y en otras ocasiones el pueblo puede ser enteramente neutral. En cualquiera de los dos supuestos, es ciertamente deseable que el Ejecutivo se encuentre en situación de atreverse a obrar según su propia opinión con vigor y decisión.
La misma regla que enseña la conveniencia de una partición entre las diversas ramas del poder, nos enseña asimismo que esta partición debe idearse de tal manera que haga a la una independiente de la otra. ¿Con qué propósito separar el ejecutivo o el judicial del legislativo, si tanto el ejecutivo como el judicial están constituidos de tal modo que se hallan a la absoluta devoción del legislativo?