diferentes Estados, nos veremos conducidos a concluir que, en caso de desunión, se aliarán del modo más natural bajo dos gobiernos.
- De los cuatro Estados orientales, por todas las causas que forman los eslabones de la simpatía y la conexión nacional, puede esperarse con certeza que se unan.
- Nueva York, situada como está, nunca sería tan imprudente como para oponer un flanco débil y sin apoyo al peso de esa confederación. Hay otras razones obvias que facilitarían su adhesión a la misma.
- Nueva Jersey es un Estado demasiado pequeño como para pensar en ser una frontera, en oposición a esta combinación aún más poderosa; ni tampoco parece haber obstáculos para su admisión en ella.
- Incluso Pensilvania tendría fuertes incentivos para unirse a la liga del Norte. Un comercio exterior activo, sobre la base de su propia navegación, es su verdadera política, y coincide con las opiniones y disposiciones de sus ciudadanos.
Los Estados más meridionales, por diversas circunstancias, quizá no se consideren muy interesados en el fomento de la navegación. Puede que prefieran un sistema que otorgue un margen ilimitado a todas las naciones para ser tanto las transportistas como las compradoras de sus productos. Es posible que Pensilvania no elija mezclar sus intereses en una asociación tan contraria a su política. Como a fin de cuentas debe ser una frontera, tal vez considere más compatible con su seguridad tener su flanco expuesto vuelto hacia la potencia más débil de la Confederación meridional, en lugar de hacia la potencia más fuerte de la septentrional.
Esto le daría la mejor oportunidad de evitar ser la Flandes de América.
Sea cual fuere la determinación de Pensilvania, si la Confederación del Norte incluye a Nueva Jersey, no hay probabilidad de que surja más de