de la Constitución federal, se han ido extinguiendo gradualmente con el curso del experimento; y la constitución de Maryland deriva diariamente, del funcionamiento salubres de esta parte de ella, una reputación en la que probablemente no será igualada por la de ningún Estado de la Unión.
Pero si algo pudiera silenciar los celos sobre este tema, debería ser el ejemplo británico. El Senado allí, en lugar de ser elegido por un período de seis años, y de no estar limitado a familias o fortunas particulares, es una asamblea hereditaria de nobles opulentos. La Cámara de Representantes, en lugar de ser elegida por dos años y por todo el cuerpo del pueblo, es elegida por siete años y, en una proporción muy grande, por una proporción muy pequeña del pueblo.
Aquí, indiscutiblemente, debería verse en plena manifestación las usurpaciones aristocráticas y la tiranía que en algún período futuro han de ejemplificarse en los Estados Unidos. Desafortunadamente, sin embargo, para el argumento antifederalista, la historia británica nos informa de que esta asamblea hereditaria no ha sido capaz de defenderse a sí misma contra las continuas usurpaciones de la Cámara de Representantes; y que no bien perdió el apoyo del monarca, cuando fue verdaderamente aplastada por el peso de la rama popular.
En la medida en que la antigüedad puede instruirnos sobre este asunto, sus ejemplos respaldan el razonamiento que hemos empleado.
- En Esparta, los éforos, los representantes anuales del pueblo, resultaron ser superiores al senado vitalicio, socavaron continuamente su autoridad y terminaron por concentrar todo el poder en sus propias manos.
- Los tribunos de Roma, que eran los representantes del pueblo, se impusieron, como es bien sabido, en casi todos los conflictos con el senado vitalicio y, al final, obtuvieron sobre él el triunfo más completo.