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nydus/Short FictionPublic
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Algunas palabras con una momia

El señor Glidden se acarició las patillas y se subió el cuello de la camisa. El señor Buckingham agachó la cabeza y se metió el pulgar derecho en la comisura izquierda de la boca.

El egipcio lo miró con rostro severo durante unos minutos y al fin, con una sonrisa despectiva, dijo:

—¿Por qué no habla, señor Buckingham? ¿Oyó lo que le pregunté, o no? ¡Saquese el dedo de la boca de una vez!

El señor Buckingham dio a continuación un ligero sobresalto, se sacó el pulgar derecho de la comisura izquierda de la boca y, a modo de indemnización, introdujo el pulgar izquierdo en la comisura derecha de la abertura antes mencionada.

Al no poder obtener una respuesta del Sr. B., la figura se volvió malhumorada hacia el Sr. Gliddon y, en tono imperativo, exigió en términos generales qué diablos pretendíamos todos.

El señor Gliddon respondió extensamente, en fonética; y a no ser por la deficiencia de las imprentas americanas en tipos jeroglíficos, me habría dado mucho gusto registrar aquí, en el original, la totalidad de su muy excelente discurso.

Aprovecharé esta ocasión para señalar que toda la conversación posterior en la que la Momia tomó parte se desarrolló en egipcio primitivo, por mediación (en lo que respecta a mí y a otros miembros de la compañía sin experiencia en viajes) —por mediación, digo— de los señores Gliddon y Buckingham, actuando como intérpretes. Estos caballeros hablaban la lengua materna de la Momia con inimitable fluidez y gracia; pero no pude dejar de observar que (debido, sin duda, a la introducción de conceptos totalmente modernos y, por supuesto, enteramente novedosos para el forastero), los dos viajeros se veían reducidos,

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