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nydus/Short FictionPublic
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Algunas palabras con una momia

El banquete de la noche anterior había sido demasiado para mis nervios. Tenía un dolor de cabeza espantoso y un sueño desesperado. En consecuencia, en lugar de salir a pasar la noche como tenía previsto, se me ocurrió que no podía hacer nada más sensato que comerme un bocado e irme inmediatamente a la cama.

Una cena ligera, por supuesto. Me gusta muchísimo el queso con tostada (Welsh rabbit). Más de una libra de una vez, sin embargo, puede no ser aconsejable en todo momento.

Aun así, no puede haber objeción material a dos. Y en realidad, entre dos y tres, solo hay una mera unidad de diferencia. Me aventuré, tal vez, a cuatro. Mi esposa insiste en que fueron cinco;—pero, claramente, ha confundido dos asuntos muy distintos.

El número abstracto, cinco, estoy dispuesto a admitirlo; pero, concretamente, hace referencia a botellas de cerveza Brown Stout, sin las cuales, a manera de condimento, debe evitarse el queso con tostada.

Habiendo concluido así una frugal comida, y habiéndome encasquetado el gorro de dormir, con la serena esperanza de disfrutarlo hasta el mediodía del día siguiente, apoyé la cabeza en la almohada y, con la ayuda de una conciencia inmejorable, caí de inmediato en un profundo sueño.

¿Pero cuándo se han visto cumplidas las esperanzas de la humanidad? No habría yo completado mi tercer ronquido cuando sonó un timbre furioso en la puerta de la calle, seguido de unos golpes impacientes en el llamador, que me despertaron de inmediato. Un minuto después, y mientras aún me frotaba los ojos, mi esposa me metió en las narices una nota de mi viejo amigo, el doctor Ponnonner.

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