sin embargo, a cada instante con mayor dificultad, y cada inhalación venía acompañada de una molesta acción espasmódica del tórax. Desempaqueté entonces el aparato condensador y lo dejé listo para su uso inmediato. > > “La vista de la tierra en este período de mi ascensión era verdaderamente hermosa. Hacia el oeste, el norte y el sur, hasta donde alcanzaba a ver, se extendía un océano ilimitado de superficie Aparentemente tersa, que a cada momento adquiría un tinte azul más y más profundo y empezaba a mostrar ya un ligero aspecto de convexidad. A gran distancia hacia el este, aunque perfectamente discernibles, se extendían las islas de Gran Bretaña, todas las costas atlánticas de Francia y España, con una pequeña porción de la parte septentrional del continente africano. De los edificios particulares no se divisaba rastro alguno, y las ciudades más orgullosas de la humanidad se habían desvanecido por completo de la faz de la tierra. > > “Lo que más me asombró en el aspecto de las cosas terrenas fue la aparente concavidad de la superficie del globo. Había esperado, de manera bastante irreflexiva, que su convexidad real se hiciera evidente a medida que ascendía; pero bastó una brevísima reflexión para explicar la discrepancia. Una línea trazada desde mi posición perpendicularmente a la tierra habría formado el cateto perpendicular de un triángulo rectángulo cuya base se habría extendido desde el ángulo recto hasta el horizonte, y la hipotenusa desde el horizonte hasta mi posición. Pero mi altura era escasa o nula en comparación con mi campo visual. En otras palabras, la base y la hipotenusa del triángulo supuesto habrían sido, en mi caso, tan largas al compararlas con el cateto perpendicular que ambos lados habrían podido considerarse casi paralelos.
Table of Contents
La incomparable aventura de un tal Hans Pfaall
198