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nydus/Short FictionPublic
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La incomparable aventura de un tal Hans Pfaall

real era idear un método para despertarme en el momento oportuno de hacerlo—. Pero esta era una cuestión que, confieso con gusto, me acarreó no pocos apuros para resolverla. Desde luego, había oído hablar del estudiante que, para evitar dormirse sobre sus libros, sostenía en una mano una bola de cobre cuyo estrépito al caer en una cubeta del mismo metal en el suelo junto a su silla servía eficazmente para sobresaltarle si el sopor se apoderaba de él en algún momento. Mi caso, sin embargo, era muy diferente y no me dejaba margen para una idea similar; pues yo no deseaba mantenerme despierto, sino ser despertado del sueño a intervalos regulares de tiempo. Acabé por dar con el siguiente ardid que, por simple que parezca, fue saludado por mí en el momento de su hallazgo como un invento a la altura del catalejo, la máquina de vapor o el arte de la imprenta misma. > > “Es necesario prever que el globo, a la altura alcanzada ya, proseguía su curso ascendente con un ascenso uniforme e invariable, y la barquilla le seguía en consecuencia con una firmeza tan perfecta que habría sido imposible detectar en ella la más mínima oscilación. Esta circunstancia me favoreció enormemente en el proyecto que decidí adoptar. Mi provisión de agua había sido embarcada en barricas de cinco galones cada una, dispuestas con gran seguridad alrededor del interior de la barquilla. Desaté una de estas y, tomando dos cuerdas, las até bien tensas a través del reborde del trenzado de mimbre de un lado a otro; colocándolas a un pie de distancia aproximadamente y en paralelo, de modo que formaran una especie de repisa sobre la cual coloqué la barrica, estabilizándola en posición horizontal. Unas ocho pulgadas inmediatamente debajo de estas cuerdas, y a cuatro

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