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nydus/Short FictionPublic
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William Wilson

Mientras hablaba, tan profunda era la quietud que se habría podido oír caer un alfiler sobre el suelo. Al terminar, se marchó al instante y tan abruptamente como había entrado. ¿Puedo —debo— describir mis sensaciones? ¿Tengo que decir que sentí todos los horrores de los condenados? Con toda seguridad se me dio poco tiempo para la reflexión. Muchas manos me apresaron rudamente en el acto, y las luces fueron encendidas de inmediato. Siguió un registro. En el forro de mi manga se encontraron todas las figuras esenciales para el écarté y, en los bolsillos de mi bata, varios paquetes, facsímiles de los usados en nuestras sesiones, con la única excepción de que los míos eran de la especie llamada, técnicamente, arrondees; siendo las figuras ligeramente convexas en los extremos, y las cartas bajas ligeramente convexas en los lados. En esta disposición, el incauto que corta, como es costumbre, a lo largo de la baraja, invariablemente descubrirá que le corta a su antagonista una figura; mientras que el tahúr, al cortar a lo ancho, le cortará con la misma seguridad a su víctima nada que pueda contar en el tanteo del juego.

Cualquier ráfaga de indignación ante este descubrimiento me habría afectado menos que el desprecio silencioso o la compostura sarcástica con la que fue recibido.

—Mr. Wilson —dijo nuestro anfitrión, inclinándose para retirar de debajo de sus pies una capa sumamente lujosa de pieles raras—, Mr. Wilson, esta es su propiedad. (El tiempo era frío y, al salir de mi propia habitación, me había echado una capa sobre la bata, quitándomela al llegar al escenario del juego). —Supongo que es superfluo buscar aquí —observando los pliegues de la prenda con una sonrisa amarga— cualquier otra prueba de su habilidad. En efecto, ya hemos tenido bastante. Verá la necesidad, espero, de abandonar Oxford… en todo caso, de abandonar instantáneamente mis aposentos.

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