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nydus/Short FictionPublic
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La incomparable aventura de un tal Hans Pfaall

océano Glacial, y albergaba ya pocas dudas de ver al fin el polo. Durante todo el día continué aproximándome al hielo. Hacia la noche, los límites de mi horizonte aumentaron de manera muy repentina y sustancial, debido sin duda a que la forma de la tierra era la de un esferoide oblato y a mi llegada sobre las regiones aplanadas en las inmediaciones del círculo ártico. Cuando la oscuridad me alcanzó por fin, me fui a la cama con gran zozobra, temiendo sobrevolar el objeto de tanta curiosidad cuando ya no tuviera ocasión de observarlo. > > “ 7 de abril . Me levanté temprano y, para mi gran dicha, contemplé por fin lo que no cabía vacilar en suponer que era el polo norte mismo. Estaba allí, sin lugar a dudas, e inmediatamente bajo mis pies; mas, ¡ay!, había ascendido ya a tan vasta distancia que nada podía discernirse con precisión. De hecho, a juzgar por la progresión de los números que indicaban mis diversas altitudes respectivas en distintos momentos entre las seis de la mañana del 2 de abril y las nueve menos veinte de la mañana del mismo día (momento en el que el barómetro descendió del todo), cabía deducir razonablemente que el globo había alcanzado ya, a las cuatro de la madrugada del 7 de abril, una altura no menor de 7254 millas por encima de la superficie del mar, con toda seguridad. Esta elevación puede parecer inmensa, pero el cálculo en el que se basa arrojaba un resultado con toda probabilidad muy inferior a la realidad. En cualquier caso, contemplaba sin duda todo el diámetro mayor de la tierra; todo el hemisferio septentrional yacía bajo mí como un mapa proyectado ortográficamente: y el gran círculo del ecuador mismo formaba la línea limítrofe de mi

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