período general de los cruceros de nuestros buques de guerra. ¿Había sido interrumpido el amante en su primera villanía por la necesidad de partir hacia el mar, y había aprovechado el primer momento de su regreso para renovar los viles propósitos aún no del —¿o todavía no del todo cumplidos por él?— De todas estas cosas no sabemos nada.
—Diréis, sin embargo, que, en el segundo caso, no hubo la fuga imaginada. Ciertamente que no; pero, ¿estamos preparados para afirmar que no existió el designio frustrado? Más allá de Saint-Eustache, y tal vez de Beauvais, no hallamos pretendientes reconocidos, ni abiertos, ni honorables de Marie. De ningún otro se dice nada. ¿Quién es, entonces, el amante secreto, de quien los parientes ( al menos la mayoría de ellos ) no saben nada, pero a quien Marie encuentra en la mañana del domingo, y que goza de su confianza hasta el punto de que ella no duda en permanecer con él hasta que caen las sombras de la tarde, en medio de los solitarios bosquecillos de la Barrière du Roule? ¿Quién es ese amante secreto, pregunto, del cual, al menos, la mayoría de los parientes no sabe nada? ¿Y qué significa la singular profecía de Madame Rogêt en la mañana de la partida de Marie?—«Temo no volver a ver a Marie nunca más».