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nydus/Short FictionPublic
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La incomparable aventura de un tal Hans Pfaall

tambaleaba de un lado a otro de la barquilla como si estuviera bajo los efectos de un veneno. Descubrí entonces, cuando ya era tarde, la gran temeridad de la que había sido culpable al arrojar el lastre, y mi agitación era desmedida. No auguraba otra cosa que la muerte, y una muerte en pocos minutos. El sufrimiento físico que padecía contribuyó asimismo a dejarme casi incapaz de realizar esfuerzo alguno para la preservación de mi vida. Me quedaban en verdad pocas facultades de reflexión, y la violencia del dolor en mi cabeza parecía ir en considerable aumento. Comprobé de este modo que mis sentidos no tardarían en rendirse por completo, y ya había agarrado una de las cuerdas de la válvula con la intención de intentar un descenso, cuando el recuerdo de la jugarreta que les había gastado a los tres acreedores, y las posibles consecuencias para mí en caso de regresar, actuó disuadiéndome por el momento. Me recosté en el fondo de la barquilla e intenté recomponer mis facultades. En esto tuve tanto éxito que me determiné a probar el experimento de sangrarme. No teniendo lanceta, sin embargo, me vi obligado a realizar la operación de la mejor manera que pude y al fin logré abrir una avena en mi brazo derecho con la hoja de mi cortaplumas. Apenas había empezado a fluir la sangre cuando experimenté un alivio perceptible y, para cuando hube perdido como la mitad de una jofaina mediana, la mayoría de los peores síntomas me habían abandonado por completo. No consideré oportuno, no obstante, intentar ponerme en pie de inmediato; sino que, habiéndome vendado el brazo lo mejor posible, me quedé tumbado cerca de un cuarto de hora. Al cabo de este tiempo me incorporé y me hallé más libre de dolor físico de

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