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nydus/Short FictionPublic
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La incomparable aventura de un tal Hans Pfaall

esta comunicación, soy el mismísimo Hans Pfaall. Es bien sabido por la mayoría de mis conciudadanos que durante un período de cuarenta años ocupé el pequeño edificio cuadrado de ladrillo, al comienzo del callejón llamado Sauerkraut, en el que residía en el momento de mi desaparición. Mis antepasados también han vivido en él desde tiempos inmemoriales; ellos, al igual que yo, dedicados firmemente a la respetable y de hecho lucrativa profesión de reparar fuelles. Pues, a decir verdad, hasta hace unos años, en que las cabezas de todo el mundo se alborotaron con la política, ningún negocio mejor que el mío podía desear o merecer un honrado ciudadano de Róterdam. El crédito era bueno, nunca faltaba trabajo y, por doquier, no escaseaba ni el dinero ni la buena voluntad. Pero, como iba diciendo, pronto empezamos a sentir los efectos de la libertad, los largos discursos, el radicalismo y todo ese tipo de cosas. Las personas que antes eran los mejores clientes del mundo no tenían ahora ni un solo momento para pensar en nosotros. Tenían, según decían, bastante con leer acerca de las revoluciones y mantenerse al día con la marcha del intelecto y el espíritu de la época. Si se quería avivar un fuego, podía avivarse fácilmente con un periódico; y a medida que el gobierno se debilitaba, no me cabe duda de que el cuero y el hierro adquirieron durabilidad en proporción, pues, en muy poco tiempo, no hubo en todo Róterdam un solo fuelle que necesitara una puntada o requiriera la ayuda de un martillo. Era este un estado de cosas imposible de soportar. Pronto me puse más pobre que una rata y, teniendo una esposa e hijos que mantener, mis cargas se volvieron al fin intolerables, y pasé horas y horas reflexionando sobre el método más conveniente para poner fin a mi vida.

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