o en el propio río; y, por lo tanto, arrojar el cadáver al agua pudo haberse llevado a cabo en cualquier momento del día o de la noche, como el método más obvio y directo para deshacerse de él. Comprenderá que aquí no sugiero nada como probable ni como coincidente con mi propia opinión. Mi propósito, hasta ahora, no guarda relación con los hechos del caso. Deseo meramente ponerle en guardia contra todo el tono de la sugerencia de L’Etoile, llamando su atención sobre su carácter parcial desde el principio.
«Habiendo fijado así un límite que se ajustaba a sus propias nociones preconcebidas; habiendo asumido que, si este era el cuerpo de Marie, solo podía haber estado en el agua durante muy poco tiempo, el periódico continúa diciendo:
«“Toda la experiencia ha demostrado que los cuerpos ahogados, o los cuerpos arrojados al agua inmediatamente después de la muerte por violencia, requieren de seis a diez días para que se produzca la descomposición suficiente que los haga flotar hasta la superficie del agua. Incluso cuando se dispara un cañón sobre un cadáver, y este emerge antes de haber estado sumergido al menos cinco o seis días, vuelve a hundirse si se le deja en paz”».
“Estas afirmaciones han sido recibidas tácitamente por todos los periódicos de París, con excepción de Le Moniteur. Este último diario se esfuerza por combatir aquella porción del párrafo que hace referencia únicamente a los «cuerpos ahogados», citando unos cinco o seis casos en los que los cuerpos de individuos de quienes consta que se ahogaron fueron hallados flotando tras el transcurso de un tiempo menor del que insiste L’Etoile. Pero hay algo excesivamente a-filosófico en el intento por parte de Le Moniteur de refutar la afirmación general de L’Etoile mediante la citación de casos particulares que militan en contra de dicha afirmación. De