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nydus/Short FictionPublic
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Tú eres aquel varón

prometido Château Margaux; y, por consiguiente, lo consideraba ahora como una especie de especial dispensación de la Providencia en su favor. Estaba sumamente encantado, por supuesto, y en la exuberancia de su alegría invitó a un numeroso grupo de amigos a un petit souper para el día siguiente, con el propósito de descorchar el obsequio del buen viejo señor Shuttleworthy. No es que dijera nada acerca del «buen viejo señor Shuttleworthy» cuando cursó las invitaciones. El hecho es que lo pensó mucho y decidió no decir nada en absoluto. No le mencionó a nadie —si mal no recuerdo— que había recibido un regalo de Château Margaux. Se limitó a pedir a sus amigos que fueran a ayudarle a beber un poco, de una calidad extraordinariamente fina y rico sabor, que había mandado traer de la ciudad un par de meses atrás, y que recibiría al día siguiente. A menudo me he quebrado la cabeza imaginando por qué razón «el viejo Charley» llegó a la conclusión de no decir nada acerca de haber recibido el vino de su viejo amigo, pero nunca pude comprender con precisión su motivo para tal silencio, aunque tuviera alguna excelente y muy magnánima razón, sin duda.

Por fin llegó el día siguiente, y con él una compañía muy numerosa y sumamente respetable a la casa del señor Goodfellow. En efecto, la mitad del municipio estaba allí —yo mismo entre ellos—, pero, para gran disgusto del anfitrión, el Château Margaux no llegó hasta una hora avanzada, y cuando los invitados ya le habían hecho los más amplios honores a la suntuosa cena servida por el «Viejo Charley». Llegó por fin, sin embargo —y además era una caja monstruosamente grande—, y como todo el grupo estaba de un humor extraordinariamente bueno, se decidió, por unanimidad, que fuera colocada sobre la mesa y su contenido destripado de inmediato.

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