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nydus/Short FictionPublic
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La incomparable aventura de un tal Hans Pfaall

ser, y en igual grado que en la superficie de la tierra, suponiendo la gravedad real de los cuerpos en ambos planetas en la proporción de la condensación atmosférica. Que no fue el caso, empero, lo atestiguaba con creces mi precipitado desplome; el porqué no fue así solo puede explicarse haciendo referencia a aquellas posibles perturbaciones geológicas a las que aludí con anterioridad. En cualquier caso, me hallaba ya pegado al planeta y descendiendo con la más terrible impetuosidad. No perdí un instante, por consiguiente, en arrojar por la borda primero mi lastre, luego mis barricas de agua, después mi aparato condensador y la cámara de goma elástica y por último cada artículo dentro de la barquilla. Mas todo fue en vano. Seguía cayendo con rapidez espantosa y me hallaba ya a no más de media milla de la superficie. Como último recurso, por lo tanto, habiéndome despojado de mi casaca, sombrero y botas, corté del globo la barquilla misma, que no era de un peso despreciable, y aferrándome así con ambas manos a la red, apenas tuve tiempo de observar que todo el país, hasta donde alcanzaba la vista, estaba salpicado profusamente de diminutas viviendas, antes de despeñarme de cabeza en el corazón mismo de una ciudad de aspecto fantástico y en medio de una vasta multitud de hombrecillos feos que no profirieron ni una sola sílaba ni se tomaron la menor molestia en prestarme auxilio, sino que se quedaron allí como un grupo de idiotas, sonriendo de un modo ridículo y mirándome de soslayo a mí y a mi globo con las manos en jarra. Me aparté de ellos con desprecio y, mirando hacia arriba a la tierra que acababa de dejar tan recientemente, y de dejar tal vez para siempre, la contemplé como un enorme y apagado escudo de cobre, de unos dos grados

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