me formulen mientras me encuentre magnetizado. A menudo ha observado usted el profundo autoconocimiento que manifiesta el sonámbulo —el amplio conocimiento que despliega sobre todos los puntos relacionados con la propia condición mesmérica—, y de este autoconocimiento pueden deducirse indicios para la correcta conducción de un catecismo».
Consentí por supuesto en hacer este experimento. Unos pocos pases sumieron al señor Vankirk en el sueño mespérico. Su respiración se volvió inmediatamente más holgada y parecía no sufrir ninguna incomodidad física. Se desarrolló entonces la siguiente conversación:— representando la V. al paciente y la P. a mí mismo.
Mientras el sonámbulo pronunciaba estas últimas palabras, en un tono débil, observé en su rostro una expresión singular, que me alarmó un tanto y me indujo a despertarlo de inmediato.
Apenas hube hecho esto, cuando, con una brillante sonrisa que iluminaba todas sus facciones, cayó hacia atrás sobre su almohada y expiró.
Noté que en menos de un minuto después su cadáver tenía toda la férrea rigidez de la piedra. Su frente tenía la frialdad del hielo. Así, ordinariamente, debería haberse mostrado solo tras una larga presión de la mano de Azrael.
¿Había estado el sonámbulo, en verdad, durante la última parte de su discurso, dirigiéndose a mi desde la región de las sombras?