tanto en sus propias obras como en las de sus ecos europeos y americanos. El Charles Elwood del señor Brownson, por ejemplo, cayó en mis manos. Lo leí con profunda atención. De principio a fin lo hallé lógico, pero las partes que no eran meramente lógicas resultaban ser, por desgracia, los argumentos iniciales del héroe incrédulo del libro. En su conclusión me pareció evidente que el razonador ni siquiera había logrado convencerse a sí mismo. Su final claramente había olvidado su principio, a la manera del gobierno de Trinculo. En suma, tardé poco en advertir que, si el hombre ha de ser convencido intelectualmente de su propia inmortalidad, jamás lo será por las meras abstracciones que han sido durante tanto tiempo la moda de los moralistas de Inglaterra, de Francia y de Alemania. Las abstracciones pueden divertir y ejercitar, pero no se arraigan en la mente. Aquí sobre la tierra, al menos, la filosofía, estoy convencido, nos pedirá siempre en vano que consideremos las cualidades como cosas. La voluntad podrá asentir; el alma…, el intelecto, jamás.
—Repito, pues, que solo lo sentía a medias, y que jamás lo creí intelectualmente. Pero últimamente ha habido cierta profundización del sentimiento, hasta el punto de llegar a parecerse tanto a la aquiescencia de la razón, que me resulta difícil distinguirlos. Asimismo, me es posible rastrear con claridad este efecto hasta la influencia mesmérica. No puedo explicar mejor lo que quiero decir que mediante la hipótesis de que la exaltación mesmérica me permite percibir una cadena de raciocinio que, en mi existencia anormal, convence, pero que, en estricta concordancia con los fenómenos mesméricos, no se extiende, salvo a través de su efecto, a mi condición normal. En el sonambulismo, el razonamiento y su conclusión —la causa y su efecto— están presentes a la vez. En mi estado natural, al desvanecerse la causa, solo queda el efecto, y tal vez solo de manera parcial.
«Estas consideraciones me han llevado a pensar que podrían derivarse algunos buenos resultados de una serie de preguntas bien dirigidas que se