negativa que, debido a su incapacidad para crear, se han mofado de la creación, resultan ser ahora los más ruidosos en el aplauso. Lo que, en su condición de crisálida de principio, ultrajó su recatada razón, nunca deja, en su madurez de realización, de extorsionar la admiración de su instinto de belleza.
“Las observaciones del autor sobre el estilo artificial”, continuó Ellison, “son menos objetables. Una mezcla de arte puro en una escena de jardín le añade una gran belleza. Esto es exacto; como también lo es la referencia al sentido de interés humano. El principio expresado es incontrovertible, pero puede haber algo más allá. Puede haber un objeto acorde con el principio, un objeto inalcanzable por los medios que poseen ordinariamente los individuos, pero que, de alcanzarse, otorgaría al jardín paisajístico un encanto muy superior al que un sentido de mero interés humano podría conferirle. Un poeta que disponga de recursos pecuniarios muy inusuales podría, al tiempo que retiene la idea necesaria de arte o cultura, o, como expresa nuestro autor, de interés, imbuir de tal modo sus diseños a la vez de amplitud y novedad de belleza, que transmita el sentimiento de intervención espiritual. Se verá que, al producir