“Por el momento debemos ocuparnos de otras investigaciones. No puede haberos pasado inadvertida la extrema laxitud con que se practicó el reconocimiento del cadáver. Cierto es que la cuestión de la identidad quedó fácilmente establecida, o debió quedarlo; pero había otros puntos que averiguar. ¿Había sido el cuerpo despojado de algo? ¿Llevaba la difunta alguna alhaja consigo al salir de casa? En tal caso, ¿tenía alguna cuando la encontraron? Estas son cuestiones importantes que la testifical pasó totalmente por alto, y hay otras de igual trascendencia que no han merecido atención alguna. Debemos esforzarnos por esclarecerlas nosotros mismos mediante indagaciones personales. El caso de St. Eustache debe ser reexaminado. No tengo sospechas contra este individuo; pero procedamos metódicamente. Comprobaremos fuera de toda duda la validez de las declaraciones juradas sobre su paradero aquel domingo. Declaraciones de esta índole se prestan fácilmente a la confusión. Si aquí no hay nada incorrecto, sin embargo, descartaremos a St. Eustache de nuestras pesquisas. Su suicidio, aunque corrobora las sospechas en caso de descubrirse falsedad en las declaraciones, no constituye, a falta de dicha falsedad, circunstancia alguna inexplicable ni hecho que deba desviarnos de la línea del análisis ordinario.
“En lo que ahora propongo, prescindiremos de los puntos interiores de esta tragedia y concentraremos nuestra atención en sus afueras. No es el menor