“Sin duda me tomará por un hombre fantasioso—pero yo ya había establecido una especie de conexión.
Había unido dos eslabones de una gran cadena. Había un bote varado en una costa marina, y no lejos del bote había un pergamino—no un papel—con una calavera representada en él.
Usted, por supuesto, preguntará «¿dónde está la conexión?». Yo respondo que la calavera, o cabeza de muerte, es el conocido emblema del pirata. La bandera de la cabeza de muerte se izaba en todos los combates.
“He dicho que el trozo era de pergamino, y no de papel. El pergamino es duradero, casi imperecedero. Raras veces se confían al pergamino asuntos de poca importancia, ya que, para los meros fines ordinarios de dibujo o escritura, no se adapta ni con mucho tan bien como el papel. Esta reflexión sugirió algún significado —alguna pertinencia— en la calavera. No dejé de observar, asimismo, la forma del pergamino. Aunque una de sus esquinas había sido destruida por algún accidente, se podía ver que la forma original era oblonga. Era, en verdad, exactamente la tira que se habría podido elegir para un memorándum —para el registro de algo que deba recordarse largamente y preservarse con cuidado.”
—Pero —interpuse—, usted dice que la calavera no estaba sobre el pergamino cuando hizo el dibujo del escarabajo. ¿Cómo descubre entonces alguna relación entre el bote y la calavera, ya que esta última, según su propia admisión, debió de haber sido trazada (Dios sabe cómo o por quién) en algún momento posterior a su boceto del escarabajo?
—Ah, he aquí en donde gira todo el misterio; si bien el secreto, llegado este punto, me costó relativamente poco trabajo resolverlo. Mis pasos fueron seguros, y no podían arrojar sino un único resultado. Razoné, por ejemplo, de este modo: Cuando dibujé el escarabajo, no había ninguna calavera visible sobre el pergamino. Cuando hube terminado el dibujo, te lo entregué y te