únicamente, en resumen, que el resultado deseado se llevó a cabo; y que el Prefecto cumplió puntualmente, aunque de mala gana, los términos de su pacto con el Chevalier. El artículo del señor Poe concluye con las siguientes palabras. — Editores ]
Se comprenderá que hablo de coincidencias y nada más. Lo que he dicho arriba sobre este tópico debe bastar.
En mi propio corazón no habita fe alguna en lo sobrenatural. Que la Naturaleza y su Dios son dos, ningún hombre que piense lo negará. Que este último, al crear a la primera, puede, a voluntad, controlarla o modificarla, es también indiscutible. Digo «a voluntad»; pues la cuestión es de voluntad, y no, como ha supuesto la insensatez de la lógica, de poder.
No es que la Divinidad no pueda modificar sus leyes, sino que lo insultamos al imaginar una posible necesidad de modificación. En su origen, estas leyes fueron ideadas para abarcar todas las contingencias que pudiesen yacer en el Futuro. Para Dios todo es Ahora.