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nydus/Short FictionPublic
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El arte del timo, considerado como una de las ciencias exactas

“¡Pagar mi brandy con agua!⁠—¿No te di el tabaco a cambio del brandy con agua? ¿Qué más quieres?”

—Pero, señor, si le parece bien, no recuerdo que me haya pagado el tabaco.

—¿Qué quieres decir con eso, bribón?⁠—¿No te devolví tu tabaco? ¿No es ese tu tabaco el que está ahí tirado? ¿Pretendes que te pague por lo que no me llevé?

—Pero, señor —dice el mesonero, ya sin saber muy bien qué decir—, pero señor...

“Pero a mí no me venga con peros, señor”, interrumpe el timador, aparentemente muy ofendido, y dando un portazo al huir.⁠—“Pero a mí no me venga con peros, señor, ni con sus truquitos con los viajeros”.

He aquí de nuevo una pamplina muy ingeniosa, cuya sencillez no es su menor atractivo. Una vez extraviada realmente una cartera o billetera, el dueño publica en uno de los diarios de una gran ciudad un anuncio con una descripción detallada.

A lo cual nuestro timador copia los datos de este anuncio, con un cambio de encabezado, de fraseología general y de dirección. El original, por ejemplo, es largo y prolijo, está encabezado con «¡Se ha perdido una cartera!» y exige que el tesoro, una vez hallado, se entregue en la calle Tom n.º 1. La copia es breve y, al estar encabezada solo con «Perdido», indica la calle Dick n.º 2 o la calle Harry n.º 3 como el lugar donde se puede ver al propietario. Además, se inserta en al menos cinco o seis de los diarios de la época, mientras que, en lo que respecta al tiempo, hace su aparición apenas unas horas después del original.

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