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nydus/Short FictionPublic
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La caída de la casa de Usher

imaginario. No era de extrañar que su estado me aterrorizara —que me contagiara—. Sentía cómo se infiltraban en mí, por lentos pero seguros grados, las salvajes influencias de sus propias supersticiones, tan fantásticas como impresionantes.

Fue, especialmente, al retirarme a la cama tarde en la noche del séptimo u octavo día después de haber depositado a lady Madeline en el donjon, cuando experimenté toda la fuerza de tales sentimientos. El sueño no se acercaba a mi lecho, mientras las horas transcurrían y seguían transcurriendo. Luché por disipar con raciocinios el nerviosismo que se apoderaba de mí. Me esforcé en creer que mucho, si no todo lo que sentía, se debía a la influencia desconcertante del sombrío mobiliario de la habitación —de los oscuros y ajados cortinajes que, torturados para ponerse en movimiento por el soplo de una tempestad naciente, se balanceaban erráticamente de aquí para allá sobre las paredes, y crujían inquietos en torno a los adornos de la cama. Pero mis esfuerzos fueron infructuosos. Un temblor irreprimible invadió gradualmente mi cuerpo; y, a la postre, se asentó sobre mi propio corazón un íncubo de pánico totalmente carente de causa. Sacudiéndome esto con una exhalación y un forcejeo, me incorporé sobre las almohadas y, escudriñando con fijeza en la intensa oscuridad de la cámara, escuché —no sé por qué, salvo que un espíritu instintivo me impulsaba— ciertos sonidos bajos e indefinidos que llegaban, a través de las pausas de la tormenta, a largos intervalos, no sé de dónde. Abrumado por un intenso sentimiento de horror, inconfesable mas insoportable, me puse la ropa a toda prisa (pues sentía que ya no dormiría más en toda la noche), y me esforcé en sacudirme la penable condición en la que había caído, caminando con rapidez de un lado a otro por el aposento.

Apenas había dado unos pocos pasos de este modo, cuando un paso ligero en una escalera contigua llamó mi atención. Al punto lo reconocí como el de Usher. Un instante después llamó con un toque suave a mi puerta y entró, llevando una lámpara.

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