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nydus/Short FictionPublic
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William Wilson

le temía, y no podía evitar pensar que la igualdad que él mantenía con tanta naturalidad respecto a mí era una prueba de su verdadera superioridad; puesto que no dejarme vencer me costaba una lucha perpetua. Sin embargo, esta superioridad —incluso esta igualdad— no era en verdad reconocida por nadie más que por mí; nuestros asociados, con una ceguera inexplicable, parecía que ni siquiera la sospechaban. En efecto, su competencia, su resistencia y, sobre todo, su impertinente y terca injerencia en mis propósitos no eran menos sutiles que privadas. Parecía carecer por igual de la ambición que me impulsaba y de la enérgica pasión mental que me facultaba para sobresalir. En su rivalidad se le podría haber supuesto movido únicamente por el caprichoso deseo de frustrarme, sorprenderme o mortificarme; aunque había momentos en que no podía evitar observar, con un sentimiento compuesto de asombro, abatimiento y pique, que mezclaba con sus agravios, sus insultos o sus contradicciones una cierta afectuosidad en el trato, de todo punto inapropiada y, por cierto, de lo más inoportuna. Solo lograba concebir que este singular comportamiento naciera de una consumida presunción que adoptaba los aires vulgares del patrocinio y la protección.

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